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miércoles, 14 de julio de 2010

La cinta "perdida" de Sui Géneris

Hace mas de 40 años un adolescente Charly García de 17 años hacía, sin saberlo, su primer grabación.

Aquí la historia casi desconocida de esta cinta contada por un testigo privilegiado de los hechos:

“El fondo de la casa marplatense de veraneo de mi viejo daba a la de Nito, y se veían todos los veranos durante cada uno de los eneros. Por ese entonces eran chicos que jugaban. Mi abuela se acuerda de que Nito solía entrar a la casa en bicicleta hasta llegar a la cama de mi papá para despertarlo. Pero Nito creció y conoció a Charly García y un verano apareció con él.
Un día, en un cumpleaños de mi viejo (nadie se acuerda el año preciso, pero fue cuando mi papá cumplió 15 o 16 años, en el 67 o 68) se pusieron a cantar con dos guitarras criollas, a manera de fogón. También estaba Alejandro Correa. Fue entonces que, en el living de la casa de mi abuelo y con portazos de fondo, mi familia registró este material en un grabador de cinta abierta tipo los viejos Geloso, pero marca Philips.
Después mi viejo y Nito dejaron de pasar sus vacaciones en Mar del Plata y la cinta quedó arrumbada junto con el grabador en la casa de mi abuela. Yo la encontré más de 25 años más tarde, cuando mi tía me dijo que en el grabador debían estar todavía las voces de Nito y Charly. Yo le dije: "¿Cómo?" y, a partir de entonces, empecé a hacer andar ese aparato medio muerto, lleno de polvo, haciendo girar uno de los carretes con el dedo porque el motor andaba mal. Para mí, que soy músico y además fanático de Charly García, esa cinta fue un hallazgo casi milagroso. Tenía 13 o 14 años y siempre me identifiqué mucho con la música de Sui Generis. Como escuchar la grabación en el Geloso era un poco incómodo, decidí masterizarla y pasarla a un compact disc.
En marzo de 1999, después de mucho esfuerzo y de llamar a su manager varias veces, pude hacerle llegar una copia de la cinta a Charly García, que en el momento no hizo mayores comentarios al respecto. Cuando le pregunté si la quería me dijo:
"¿Para qué?". Pero algunos días después lo llamé y me dijo que el material le había parecido buenísimo. Y me contó que los temas que habían grabado eran:

-Lava la ropa, Juana (de Charly).
-Una canción de Alejandro Correa.
-Perfidia (el bolero, cantado por mi tía María con coros de Charly y Nito).
-Maten a Juan (de Charly)
-No pibe (de Manal)
-Un tema más de la autoría de Charly.
-Digo de vos(de Charly).
-Otro bolero que cantó mi tía.

Para mí fue un honor haber tenido este material en mis manos y habérselo hecho llegar a Charly y a Nito.”

Por Xavier Lospennato*
*Es el hijo de Mingo, un amigo de la infancia de Nito Mestre. Además es profesor de guitarra.

Publicado por Clarín / año 1999

domingo, 11 de julio de 2010

Hace un tiempo atrás: Entrevista a Alejandro Correa (bajo de Sui Géneris)


Para los que les gusta la historia temprana de Charly García les dejo algo de Sui Generis, es de un reportaje que le hizo Simón Zarub a Alejandro “Pipi” Correa el bajista original de Sui Generis. Es medio largo pero tiene cosas que pocos saben. Recomiendo que la lean.

“El asunto es así: Sui Generis era un grupo de chicos del secundario, incluso es la fusión de dos grupos distintos.
“To walk Spanish” era un trío que arma Charly –siempre fue Charly, lo que sucedió es que los tarados de Microfón lo cambiaron porque suponían que era un error la "y"- que tocaba alternadamente y según el tema el piano o la guitarra, conmigo tocando también alternadamente la guitarra y el bajo y con Beto Rodríguez en batería. Cantábamos en inglés, y yo hacia las letras en reemplazo del padre de Charly que era el letrista original. Luego empezó a hacer sus propias letras en ingles. En realidad me relaciono con él porque yo sabía inglés.
Mi formación musical para la época era más que escasa al lado de la de él, que además del famoso oído absoluto, ya leía, escribía y había estudiado desde los cuatro años. Era un auténtico niño prodigio, que podía tocar Chopin o tocar “de una” los acordes de los temas de los Beatles o de los Byrds, que era un grupo que nos volaba la cabeza. Esto empezó a suceder cuando nos conocimos en segundo año del secundario. Es decir, teníamos ambos unos trece o catorce años. Con esta “formación” siempre nos faltaba algo: o un bajo o una guitarra. Entonces aparece Juan Belia, que no era del mismo colegio y tenia dos grandes virtudes: tocaba decentemente la guitarra, al menos para los parámetros de la época y lo que era todavía mas importante... tenía guitarra y equipo recién llegados de Estados Unidos, donde había vivido hasta esa época. No quedaban dudas entonces de quien iba a tocar el bajo. Por eso era el bajo o la nada. De todos modos y por la verdad histórica y por mi aprecio por Juan, digamos con toda claridad que el tipo tocaba muy bien.
Un tiempo después aparecen Los Gatos que cantaban en español y casi al mismo tiempo nos enteramos que en la división de cuarto año donde habíamos caído – ya estábamos en cuarto año- había otro grupo donde estaban Carlos Piégari, Nito Mestre, Hugo Milione y un flaco más que no me acuerdo el nombre y que como Juan, iba a otro colegio. Carlos no solo tocaba muy bien la guitarra, sino que aparte escribía muy bien, hacia canciones y si bien no era Charly, era bárbaro poder juntarnos con él por que escribía muy bien. El grupo de Piegari se llamaba “The Century Indignation”. Un día hablando llegamos a la conclusión que si Piegari venía con nosotros, íbamos a andar mucho mejor y entonces se lo proponemos. Él pone como condición que venga Nito. Y a Charly, Beto y yo, que estábamos en las tratativas, no nos pareció mal. Ahí aparece por primera vez Sui Generis, el original grupo grande que va a durar hasta terminar el secundario. Después y de a poco se va desintegrando hasta quedar en dúo. Uno de los primeros que emigra soy yo. Cuando el colegio se termina esto se empieza a disolver y soy uno de los que se va, en casa mi viejo me decía “con el laburo de la música no se come”.

Hay un gran mérito en Charly y Nito, que por dife¬rentes motivos no tuvimos algunos de los otros que anduvimos por ahí, yo por ejemplo: siguieron. Fueron capaces de bancarse todas las puertas cerradas con que nos tropezamos y se siguieron tropezando ellos y tuvieron su recompensa. No es poca cosa.
A mi lo que me pasaba es que me empiezan a apurar en mi casa para que trabaje o es¬tudie o haga algo “útil”, que la música era “pan para hoy, hambre para mañana”, o que de “eso” no se vive. Cosa que tal vez al futuro famoso dúo no les pasaba o que si les pasaba, lo podían sobrellevar. Yo no pude.
Por lo cual salgo a ver como me las arreglo con la guitarra, el bajo o lo que pueda, y así aparece la música infantil y Pipo (Pescador) y el resto.

Charly me vuelve a llamar cuando yo trabajaba de bajista de Pipo Pescador. Los vi en Mar del Plata en el verano del 71, tocaban a las dos de la mañana en el teatro De la Comedia, organizado por el “gordo” Pierre. Me acuerdo que él había conseguido una pieza de un hotel donde íbamos los “Pedro y Pablo” sus mujeres, el perro, Charly, Nito y yo. Dormíamos por turnos y a mi me tocaba a la tarde, terminábamos de tocar a las cinco de la mañana.
Un año después Charly me vuelve a llamar. Cuando “Vida” se entra a vender, al dúo le empiezan a salir shows y recitales todos los fines de semana. Pero no participe en “Vida”, aunque anduve en algunas de las sesiones de grabación “de visita”. Sui Generis ya era dúo, y yo ya no tocaba con ellos. Esto fue a principios de 1973, me llama y me dice que quiere agregar bajo y batería, porque con el piano y la guitarra los shows se le hacían cada vez mas pesados. El batero era Paco Pratti, a quien yo conocía de los ensayos de ellos, a los que solía ir, y que había grabado “Vida”. Y la gran “ventaja” conmigo era que ya me conocía todos los temas y podía empezar ese mismo día, de hecho empecé ese fin de semana, solo con una repasada de algún acorde. En ese momento yo estaba de bajista con Pipo Pescador. Por supuesto me pareció una propuesta maravillosa y dije inmediatamente que si. Por fin se me daba, podía hacer algo que realmente me gustaba y encima iba a cobrar.
Y luego estuve unos días alternando Sui Generis con Pipo, por supuesto me tuve que despedir de Pipo. En ese momento ellos ya habían empeza¬do a grabar “Confesiones de invierno”, así que aparecí grabando algunos temas como “Rasguña las piedras” y “Lunes otra vez”.

Pero no me banque el ritmo. Llegamos a tocar cinco veces por noche, a full!. Me acuerdo de un verano en Punta del Este con María Rosa, Pappo y Botafogo en el bajo.
Llegamos a 1974, empieza el proyecto de “Instituciones” y también algunas cuestiones de “procedimiento” entre Charly y yo, nos llevan a hacer un trato de común acuerdo: terminamos el disco y yo me voy. Algo enojado si, pero no sentía que me habían echado. Aunque a lo mejor un empujoncito hubo…
Esto sucede a fines de 1974. Cuando yo me voy, me suplanta Rinaldo (Rafanelli).... pero el disco no sale a fines del 74 como estaba programado, porque había dos temas que no pasaban la censura, con lo cual o los reem¬plazan o no había disco.... entonces reemplazan los temas… Y esos los graba Rinaldo. El disco recién va a terminar saliendo en 1975 por esta cuestión. A esta altura Rinaldo ya era el nuevo bajista.
El motivo de mi “alejamiento” tiene varias explicacio¬nes, pero creo que la principal es que yo no alcanzo a entender –hasta varios años después y ya era tarde- que este no era el Sui Generis del secundario, sino una resplandeciente empresa en la cual cada integran¬te tiene un lugar, como sucede en las empresas y yo nunca pude, en aquel momento, entender cual era mi lugar en la estructura empresarial. Un grupo que vende la cantidad de discos que vende -aún hoy- y tiene la cantidad de presentaciones que tenia el grupo, no es una banda de aficionados que ensaya los sábados a la tarde, para darse el gusto, sino un engranaje que produce utilidades y como sucede en cualquier empresa, cualquier “desarreglo” en el funcionamiento amerita cambios del tipo que sea. Yo era un “desarreglo” en el funcionamiento.
El Sui Generis que se conoce no tiene nada que ver con el primero desde varios puntos de vista. Por ejemplo, no era el grupo de Charly, si bien era el personaje mas importante era una banda y todo se decidía grupalmente.
Éramos tres a componer temas, Charly, Carlos y yo y cuatro para cantar, los tres anteriores más Nito. Y todo era con ese grado de improvisación y voluntarismo que suele haber en los grupos que recién empiezan. Cuando vuelvo en el 73 la cosa era distinta, era el grupo de Charly, su sonido, sus ideas y su concepción de cómo hacer andar las cosas, lo cual además de no estar mal, era claramente exitoso.
Poco a poco no solo las líneas de bajo, los redobles del tambor, el rasguido de la guitarra, además de los temas, el armado de voces y todo lo que sonaba, eran obra de Charly, sino que además no siempre se quedaba conforme.
Sui Generis, fue uno de los grupos fundadores de toda una corriente musical y de toda una época social y política, que se sigue proyectando en el presente, y yo estaba ahí; la verdad tuve suerte de andar por ahí justo en ese momento.

Después de Sui Generis me cruce alguna vez con Nito en SADAIC y con Juan otro día en el mismo lugar, fuimos a tomar un café, nos contamos que estábamos haciendo, pero nada mas. De la última vez que hablé con Charly debe hacer unos treinta años, a no ser que consideremos un reclamo que le tuve que hacer por los creditos de un tema hace un par de años cuando salio “Sinfonía para adolescentes”, que tiene material del que hacíamos con el grupo grande, por ejemplo “Monoblock” o “Espejos”. Uno de esos temas era “Digo de vos”, que en realidad lo había escrito yo y no se me mencionaba. No es que el tema fuera algo rescatable, en realidad es más que flojo, pero le hice el reclamo por in¬termedio de SADAIC, ante el cual reconoció la equivocación y se cambio la autoría para futuras ediciones. Algo parecido habia pasado con “Natalio Ruiz” donde la letra es de Carlos Piegari y la solución fue la misma que ahora. Con Carlos Piegari trabajé varios años en un estudio de grabación que él tenía en los años ochentas donde grababa con su grupo de entonces “Avatar”.
En algún momento se fue a España y tampoco supe más de él. Beto Rodríguez cayó hará más de 15 años por mi estudio, nos vimos un par de veces, era taxista y se iba a vivir a Córdoba. Y con el que me reencontré, cuando presenté el disco “Canciones” en 2006 fue con Hugo Milione, que es abogado y sigue tocando. Lo volví a ver en una actuación que hice el año pasado en el Colegio de Abogados y el otro al que veo muy de vez en cuando es a Rolando Fortich, que también es abogado y fue el que vino como bajista del grupo grande después que yo me fui.”

domingo, 4 de julio de 2010

Charly Garcia - Mercedes Sosa


Alta Fidelidad - 1997

"Estoy muy feliz por Charly", resopla Mercedes Sosa cuando escucha en su equipo de música parte del disco-homenaje a Charly García bautizado "Alta fidelidad".
La producción, que estuvo bajo la dirección musical del propio Charly, será un recorrido por toda la historia musical de García:

Este trabajo es el broche de oro de una aventura musical que los dos artistas vienen protagonizando desde hace muchos años. Sosa conoció a Charly a los doce años, como pequeño geniecillo desgarbado en la casa de los García Moreno.
Y él quedó prendado de su voz cuando en su casa su madre era productora de un programa de folklore y pusieron el disco "Mujeres argentinas", esa obra monumental de la música popular argentina.
El tiempo permitió que se unieran en un escenario. Y que ella posteriormente grabara varias de sus canciones más emblemáticas. "Alta fidelidad" es el resultado de una larga historia de mutua admiración.

"Haber terminado este disco y que haya quedado como quedó es una enorme alegría para mí, porque a Charly lo han atacado mucho. No han sabido reconocer al genio que hay en él; sólo se han dedicado a ventilar sus cosas personales."
Y continúa:"Creo que para él también será muy importante la finalización de este disco, porque fue un trabajo muy duro", comenta Mercedes.
En la grabación, la voz de la cantante resuena con una profundidad que conmueve, cuando trae la imaginería de esa hermosa época de La Máquina de Hacer Pájaros.
Rompe con los prejuicios y muestra definitivamente la posibilidad de brillar en otras experiencias y en otras melodías. Hay momentos donde Mercedes luce más cómoda, como en el tema "Cuando ya me empiece a quedar solo", donde los arreglos con un teclado que rescata un clima barroco le agrega más dramatismo a esa voz inquietante y emotiva.


La mujer pone su oído al lado del potente baffle y respira aliviada: "Esta música es hermosa. García es uno de los músicos más grandes que tenemos", dice, en absoluta adhesión al rocker.
El trabajo regala una sorpresa tras otra y permite descubrir a otro García, atendible en su aspecto musical. Las canciones siguen y en el canto de Mercedes los temas de García vuelven a demostrar su increíble creatividad.

Invitados:
A Calamaro, P Aznar, Juanse, N Mestre, R Rafanelli, B Baraj, C Fogliatta, MG Epumer, J Bellia, A De Raco, E Di Salvo, U Di Salvo, M Serra, Migue, G Said, R Georgis, P Guadalupe, B Guerra, R Cobo, R Ruiz, A Alcon.

Temas:
01- Cuchillos
02- Promesas sobre el bidet
03- Rezo por vos
04- Cómo mata el viento norte
05- Cuando ya me empiece a quedar solo
06- Hablando a tu corazón
07- Los sobrevivientes
08- El tuerto y los ciegos
09- De mí
10- Cerca de la revolución
11- Siempre puedes olvidar
12- Plateado sobre plateado (Huellas en el mar)

Fuente: La Cofradía

miércoles, 9 de junio de 2010

Jorge Guinzburg y Charly García, dos genios juntos





En 1994, Jorge Guinzburg entrevistaba a Charly García en el recordadísimo programa "Peor es nada". El encuentro llegó después de que Charly sacara su último trabajo, por lo que se habló en una parte por qué García había titulado a su disco como "La hija de la lágrima". Con un Carlitos teñido de rubio, el Say No More se juntó con otro genio que siempre vivirá.
Guinzburg y Charly, juntos.

Charly y Lanata, el recuerdo de una polémica entrevista




El 15 de junio del 2000, Jorge Lanata entrevistaba a Charly García en su programa de televisión llamado "Día D". En aquel encuentro y en una parte de la entrevista, Lanata le había dicho a Charly: "Yo pienso que has hecho cosas muy grandes, y que después te empezaste a copiar a vos, y creo que te das cuenta". Y ante esto, García responde: "Y yo pienso que sos un pelotudo".
Un recordatorio de este día...

domingo, 16 de mayo de 2010

Charly: "El rock es esa rabia, esa angustia"

Si ser rockero en la Argentina, predispone a la polémica, el hecho de nombrar a Charly García directamente implica la discusión. Aferrados a su bigote bicolor que suponen teñido –sin conocer de cerca su rostro afilado, donde la pigmentación despareja amontona pecas en la nariz y hace palidecer la barbilla-, sus opositores lo critican con la misma pasión con la que lo defienden sus cada vez más numerosos seguidores.

Mucho ha cambiado en la resonancia de este porteño de 31 años, flaco, alto y de gestos despreocupadamente adolescentes, desde que se presentó por primera vez en canal 7, bajo el padrinazgo de Eduardo Falú, un hecho del que se siente orgulloso. Eran las épocas de Sui Generis, junto a Nito Mestre, y de lo que Charly ahora define como “la protesta dulzona del chico burgués”. Después de una multitudinaria despedida del dúo en el Luna Park vendría la época de La Máquina De Hacer Pájaros, una transición antes de Serú Girán, uno de los grupos más fuertes del rock nativo. Al disolverse hace un año en pleno apogeo, cuando ya era una figura controvertida y cuando llevaba un tiempo de apreciar las ventajas de trabajar en forma independiente, se borró de la escena durante unos meses para componer y grabar –prácticamente solo- la música del filme Pubis Angelical, junto con el álbum Yendo De La Cama Al Livingque, editados en forma conjunta, vendieron sesenta mil ejemplares en el primer mes. Si antes había empezado a hablar de la realidad argentina, ahora se refería a la guerra con Gran Bretaña y, ante 25.000 personas reunidas a fin de año en Ferro Carril Oeste, agregaba a sus palabras un multicolor simulacro de bombardeo. Un formidable espectáculo para los presentes, puro “circo” para muchos ausentes.

Mientras bambolea incesantemente la cabeza, Charly acepta que la intención de la entrevista es tratar de explicarlo de a dos, y va soltando lo que piensa con un desaliño en el que es necesario colar la hojarasca de muletillas, onomatopeyas y finales sugeridos.

- Pienso que soy de esas personas a las que hay que conocer un poco para que guste. Hay mucha gente que debe tener un prejuicio contra el rock. Y lo encuentro justificado: generalmente, cuando se lo muestra por los canales masivos, se muestran cosas que no tienen nivel. La gente de rock lo entiende. Pero si no estás copado, objetivamente, viéndolo de afuera… Pienso que si a un tipo de 40 años no le gustó hasta ahora, es difícil que le guste.

-Ha habido gente que cambió de opinión…

-Yo veo a mucha gente grande en mis recitales, de 40 y más. Si escuchan el último disco, se puede entender. Está hecho para que se entienda totalmente. Ahora, con la gente que le gusta el tango hay un abismo. Pero hay gente que escuchó rock hace mil años, y después no escuchó más; ya no le gusta el rock de ahora, pero sí, por ejemplo, Almendra.

-¿Es fatal que llegar a determinada edad impida que a uno le gusten cosas nuevas?

-No. Supongo que cuando vos tenés más edad, lo que buscás en la música es otra cosa. A los 16, 17, buscás una identificación; a los 40 buscás placer en la música. Entonces comparás todo lo que no te suena perfecto con la música que más te gusta. Un concierto de rock no es algo que suene perfecto; es otra onda.

-Pienso que en tus letras puede haber una clave para que los no-rockeros te entiendan ¿Cuál sería la punta del ovillo?

-No sé. Sé que no tengo una imagen neutra: al escucharme, la gente ya se pone a pensar algo, o a decirse cosas como: “¿Quién es este payaso?”.

-¿Cómo ven los demás el mito Charly García? ¿En qué la pegan y en qué se equivocan?

-A mí me hace mucha gracia que yo sea un mito. Realmente me parece muy loco, por ejemplo, que no pueda caminar por la calle. ¿En qué la pegan? No sé. Soy una persona súper tímida. Entonces, cuando se me acerca alguien que es medio tímido, generalmente puedo hablar. Pero no me gusta una imagen en la que la gente se enfervoriza tipo ídolo o dios, una cosa medio violenta. Yo no soy así.

-Entre otras cosas se te endilga ser loco. Eso puede tener muchas variantes…

-Acá, la gente no está acostumbrada a ver tipos como yo. No es porque yo sea muy loco, sino porque lo demás es muy normal. Lo que pasa es que, para el común de la gente, es raro ver a un tipo de pelo largo moviéndose en el escenario. Entonces creen que si se mueve no es serio, y piensan: “Con el circo tapa lo otro”. A mí, la música me hace moverme.

-En tu forma de vivir la música, ¿hay cosas que hacés como “circo”, o solo en chiste?

-A veces, uno se ve con ojos irónicos a sí mismo. Es un problema mío: soy bastante paranoico en el sentido de que a veces hago algo y después cuando lo miro, digo: “¡Dios mío!” Me agarran ciertos rayes, pero trato de controlarlos, porque no es bueno tirar una imagen así. Después de Ferro agarré una oleada de fanatismo, y todavía me estoy acostumbrando. Me da un poco de miedo. Es como una mano Gardel: todo el mundo me conoce. Y todo el mundo tiene una opinión buena o mala de mí. Y generalmente me la expresa, sin que se la pregunte. Me convertí en una especie de…

-¿Centro de atención?

-Y a la vez algo de lo cual hablar, más allá de la música. Pienso que mi condición real no es ésa, porque no ando en Rolls Royce ni con guardia de seguridad.

-¿A qué le tenés miedo de esta nueva situación?

-A tener que esconderme demasiado. La música que hice hasta ahora, viene de la calle, o de casas de lugares en Buenos Aires. No poder ir a esos lugares implicaría un cambio, que no sé si tengo ganas de hacer.

-Pensás que a veces la gente y la prensa te toman demasiado en serio.

-Creo que sí. Ahora todo el mundo me pregunta de política, e incluso me inventan cosas. ¡Yo no sé nada de política! Tampoco tengo ganas de hablar de eso, estoy en otra. Pero eso no quiere decir que me esté burlando del asunto, o menospreciándolo. Supongo que quienes vienen a escucharme vienen por la música, y no pensando que yo les voy a arreglar la vida.

-Sin embargo algo de eso también hay…

-Sí, hay algo, pero cuando se confunde la cosa, o te dicen presidente, es como para pensarlo.

-¿Cómo explicás este fenómeno?

-Hubo mucho tiempo en que el rock estuvo medio reprimido, y ahora, con lo de las Malvinas, salió para afuera. Pero también es desviar la atención. Los músicos tocan y hacen discos, buenos o malos. Reflejando o no a la gente. Pero nunca hay que tratar de que eso tenga otro rol. No entiendo mucho lo que está pasando. Por momentos soy optimista y pienso:”Bueno, ahora va a haber elecciones, va a haber democracia, todo se va a normalizar”, y lo apoyo totalmente. Pero por otro lado, veo a la gente muy loca, desorbitada y dándole importancia a cosas muy pequeñas, mientras que de las importantes nunca se habla.

-¿Cuáles son esas cosas importantes?

-Y… todas las que tenemos en la cara los argentinos como el estigma de todos estos años, de los que recién ahora se empieza a hablar. Hace poco hice una canción sobre eso. No es algo que hayamos buscado ni querido. Pero por otra parte, nosotros también bancamos todo este tiempo. Eso tiene que ver con cierto complejo de culpa: si vos sabés que se te está muriendo un hermano en la cocina, podés estar muy piola en el living tocando la guitarra, pero sabés esa información y no podés decirla y eso te altera la croqueta.

Ahora se habla con tanta retórica que parece que estuviéramos hablando de la manteca. Entonces, cuando la gente se pone tan loca conmigo, me digo: “¿Cómo es posible que, porque un tipo haga canciones…?”Y están pasando cosas horribles. Lo que yo hago es tratar, desde mi punto, de desfachatar todo eso, de pudrirlo un poco más, porque esa careta, esa solemnidad es indignante.

-Muchos cuestionaron tus declaraciones sobre “No Bombardeen Buenos Aires”. Personalmente pienso que el tema es una autocargada…

-Lo es, pero también tiene que ver con lo que te decía recién. Es como decir: “No escucho ni veo nada porque no quiero recibir más información falsa”. Llega un momento en que la mentira repetida se hace verdad.

-¿Qué lugar ocupa la ironía en tu música?

-Soy irónico por naturaleza. Parecería que es tu arma blanda, inofensiva, legal. Hay diversas formas de decir las cosas: una es gritando a lo bestia, otra, con un poco más de civilización. Pienso que lo hago con más civilización; pero en el fondo, es un grito. Por eso tampoco puedo hablar con mucha distancia, porque hay cosas muy pesadas. La ironía es una tabla de salvación.

-¿Qué tipo de alegría pretendés dar a la gente?

-Quiero dar una diversión que está dentro nuestro, reprimida. De ahí el clisé: “Los argentinos somos grises y tristes”. Yo no lo soy, y conozco a muchos que quizá lo sean porque tienen una mano encima. Me parece que la resignación a un estado de ánimo no es válida. Divertir es expresarse.

-¿Qué cosas te divierten?

-Me encanta que me traten bien, que no se me haga cómplice de algo burdo. Me gusta ver algo inteligente y civilizado, en función de no poluir más el ambiente. Está tan poluido, en todo sentido, que la gente y ano cree en nada. Entonces, lo que te emociona es ver a alguien que no es así, y esas son las cosas que te ayudan a soportar la angustia provocada por ver que tu vida no es independiente de lo que pasa. Me llaman la atención esos tipos de quienes después se descubrió que eran genios, esas vidas torturadas… Eso me da fuerzas; ahora parece todo tan difícil, hay tantas personas heroicas… Me gusta la gente que da la vida por algo: tiendo a pensar que la vida no es solo lo que vemos en el diario, y admiro a la gente que tiene una visión más optimista, y que hace algo con el ejemplo.

-Años antes dijiste que “no hay que tener miedo a ser devorado por el sistema”, y que hay que meterse en él. ¿Cómo se puede meterse en el sistema sin ser devorado por él?

-No sé. En este momento quizá me contradiga. Ahora que estoy en el sistema…bueno, no es muy grato. Hay que cuidarse todo el tiempo de que el sistema no te devore, y es un gasto. A partir del momento en que entrás a esa fiesta, todos empiezan a mirarte; entonces tenés que ir al baño cada cinco minutos.

-Para muchos, el símbolo de que estás en el sistema es la publicidad de una marca extranjera de jeans. ¿Qué significa para vos?

-Es un auspiciante que pone plata para hacer carteles. Es una camiseta que se usa y se tira, y no tiene connotaciones graves para mí.

-Siendo vos un tipo que está en contra de los uniformes…

-Bueno yo no uso ropa de esa marca

-… Pero promociona un uniforme de consumo para la juventud…

-Ese es un mensaje que ponés vos. No pienso que los que vienen a verme compren esa marca por ver el nombre en un cartel.

-Entonces, ¿qué sentido tiene que la empresa gaste su dinero?

-Ellos creen que va a pasar algo con eso. El sentido también puede ser evadir impuestos. Para mí es una marca. El otro día vi: “Chesterfield – Lito Nebbia”. Eso quizá sea peor, porque induce a la juventud a fumar. Tampoco se puede hacer un Ferro sin auspiciantes.

-¿No te resulta contradictorio?

-¡Sí, sí! Cuando hablo de producción independiente, no se me entienda que hago lo que quiero: hay mucha gente que depende de mí. A veces me siento como el dueño de una fábrica, que no puede decirse: “Bueno, me tomo vacaciones porque estoy conflictuado”. Estoy pasando por un momento muy brillante, pero mi estado de ánimo no coincide con eso. Estoy tratando de ver cómo se puede estar dentro del sistema, y qué actitud tomar. Lo que deseo es enfatizar que no quiero pasar a la vereda de enfrente en forma directa. Ante la posibilidad de que vea que mi cabeza no da, haré un repliegue y tocaré en lugares más chicos, sin auspiciantes. Lo que decía es verdad: esas contradicciones existen.

-¿Por qué dijiste hace poco que mantenerte siendo siempre Charly García es una especie de locura?

-No hago rock tradicional, ni me visto con uniforme de cuero o de hippie, ni canto lo que la gente espera, sino que estoy siempre zapado, en el borde, ridiculizándome a mí mismo, y prendiéndome fuego, y mostrando cosas que creo que la gente capta. Por eso es medio raro, sobre todo en un país que te exige definiciones concretas… de la mentira, porque las definiciones concretas de la realidad nunca se dicen. No tengo esa velocidad durante todo el tiempo, y a veces se hace difícil.

-¿Hasta qué punto es cierto el destape del rock? ¿No pensás que se lo usa difundiendo ciertas cosas y omitiendo otras?

-Hay un movimiento donde el rock se mezcla con otros puntos y se trata de reivindicar cosas. Me parece muy loable. Pero hay otro movimiento –que veo más valedero-, quizá más subterráneo, que tiene que ver con la música y con lo cotidiano de un artista, que es la evolución. Me parece que el movimiento de rock tiene una bandera “prototipizada”, que le quita credibilidad ante muchos que no son rockeros, ni tienen por qué serlo. Veo al movimiento un poco achanchado, en el sentido de que lo nuevo no pega mucho, lo viejo sigue estando y se lo valoriza demasiado.

-Yo apuntaba a cierta legalidad que se trata de darle.

-¿Qué es legal? ¿La imagen de un conjunto de “minitas” haciendo la propaganda de un champú con imagen rock?: eso no es rock. O como aquel conjunto de rock que iba arriba de un ómnibus y se cruzaba con una chica que iba arriba de un tractor y los saludaba. Yo hice mil giras, y nunca vi a una “minita” sobre un tractor saludando. Vi otras cosas, y vi villas miserias, recitales prohibidos a tiros… Se legaliza superficialmente, como se legaliza todo ahora: se puede hablar de todo, pero nunca del fondo. Y el fondo del rock es como el fondo de lo que está pasando en la realidad: hay muchas cosas confusas que nunca salieron a la luz. Pueden mostrarme a mí por televisión, pero no a Mercedes Sosa, ni mi tema Los Dinosaurios. Hacen un filtro, y en él, lo que ve la mayoría –volviendo a la pregunta del principio-, es una imagen que quizá le resulte indiferente. Las cosas fuertes del rock no son la campera, ni el pelo largo. El rock, en el fondo, es una rabia, una angustia producida por un medio más o menos civilizado. Pero a nadie le van a vender un champú con eso. Podrían vender, en cambio, remedios contra la angustia.

Por Sibila Camps

Fuente: Demoliendo Hoteles

Publicado por Clarín (06/03/1983)

domingo, 17 de enero de 2010

Hace un tiempo atrás (1994)

Es uno de los artistas más creativos del país y su talento musical comenzó a vislumbrarse desde que era un niño. Charly García fue el fundador de Sui Generis, La maquina de hacer pájaros, Serú Giran y es artífice de una larga carrera como solista. Luego de un período de rehabilitación por su adicción a las drogas, subió varios kilos y volvió con todo a los escenarios.

1994 - Era el último programa del año de Ritmo de la Noche. Decenas de figuras desfilaban sobre el escenario dominical y Charly García era el encargado de cerrar la emisión. Como la Navidad estaba cerca, no tuvo mejor idea que pedir un traje de Papá Noel, pero dada su extrema delgadez todos le quedaban gigantes. Sin embargo, ni los pantalones bolsudos ni una barba semifloja le impidieron dar un buen show incluyendo los hits de La hija de la lágrima, disco que acababa de presentar con 10 recitales en el Gran Rex. Quizás esa vestimenta le hacia acordar a las fiestas familiares de su infancia, que se hadan en la quinta Los Cedros, enfrente de su casa en Paso del Rey llamada La Bólleme. Allí se hacían verdaderos banquetes multitudinarios, los grandes jugaban con los chicos y se tiraban montones de fuegos artificiales. Con su madre, Carmen Moreno, cortó relaciones un largo tiempo y durante muchos años no compartió fiestas ni encuentros, pero desde que comenzó su ultima rehabilitación (por adiciones), hace un año, retomaron contacto ¿incluso Charly le pidió que lo acompañara en su último recital en la candía de Veloz en octubre pasado. Este año, con la notable mejoría que logró gracias a su tratamiento, seguramente tendrá mucho que festejar.

Fuente: Revista Luz